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GESTION DE LOS ACTIVOS INTANGIBLES
Nsol
Estrategias y administración
Nos asombramos cada vez menos cuando escuchamos o leemos que estamos inmersos en una economía donde los conocimientos juegan un papel cada vez más relevante, tanto en la producción de bienes y servicios como en la administración de organizaciones de todo tipo.

Los gestores que hemos aprendido a administrar tecnologías para su desarrollo, integración, utilización, adquisición o comercialización dentro y fuera de nuestras organizaciones, donde se contaba siempre con una fuerte base material y un cierto porcentaje de know-how inmaterial, tendremos ahora que aprender a generar capacidades y habilidades para gestionar conocimientos de alto valor agregado, de carácter mayoritariamente tácito, con productos y servicios cuyos ciclos de vida son cada vez más cortos, con mayores niveles de incertidumbre comercial y financiera, y de raíz no sólo científica o técnica sino también social, cultural y organizacional.

Las nuevas tecnologías de la información y de las telecomunicaciones son una parte central de este fenómeno, pues están impactando notablemente todos los procesos de generación, producción, transmisión, difusión y organización de conocimientos. Sirven de palanca para que las organizaciones puedan operar mejor frente a la creciente competencia regional e internacional, de cara a la necesidad permanente de innovación tecnológica y organizacional para garantizar niveles óptimos de competitividad, y en respuesta a la mayor demanda de responsabilidad social por parte de la sociedad civil y los gobiernos.

De acuerdo con un estudio de la Organización para la Cooperación y el
Desarrollo Económico (OECD, 1999), la inversión en conocimiento1[2]
representa un 8% del producto interno bruto (PIB) en los países que la
conforman, similar a la inversión que realizan en equipamiento.

Si se agrega a dicho porcentaje el gasto privado realizado en educación y capacitación, la inversión se aproxima a un 10 % del PIB.
En promedio, los países miembros de la OECD gastan alrededor de un 7% de su PIB en tecnologías de la información y comunicaciones2[3]. Estos gastos han tenido una tasa constante de crecimiento del 6% anual desde 1992.
Datos proporcionados por la
Fundación para la Innovación Tecnológica Agropecuaria  FIAGRO